“La minería hoy no es posible sin consenso social”

El vicepresidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras, Marcelo Álvarez, hizo una revisión del desempeño de la industria en los últimos tres años. En una cena con empresarios, resaltó el valor de integrar el sector a las comunidades y el accionar del Estado como un instrumento conciliador entre quienes buscan invertir y quienes se sienten afectados.

“El primer paso fue comprender que no era cuestión de que nos escucharan a nosotros, sino que, por el contrario, los mineros debíamos escuchar y mirarnos en un espejo incómodo.Y este era el comienzo obligado, porque la minería hoy no es posible sin consenso social”, planteó.

“Así, iniciamos el proceso de reconciliación con la sociedad, reconociendo que debíamos recuperar credibilidad. Para ellos trajimos al país el programa internacional TSM, que aquí llamamos ‘HMS- Hacia una Minería Sustentable’ y que permite demostrar de manera comprobable cómo trabaja la minería en el país, siguiendo los estándares de calidad más altos a nivel mundial”, indicó.

“El diálogo con el gobierno fue una de las piezas fundamentales para lograr este nuevo paradigma. En forma abierta y franca se fueron profundizando los temas con los funcionarios nacionales y provinciales”, explicó Álvarez.

El dirigente minero valoró la incorporación de Argentina al EITI (Extractive Industries Transparency Initiative). “El EITI nos permitirá demostrar cuáles son los aportes de la minería y cuál ha sido su destino. Y CAEM forma parte del grupo multipartícipe implementador de EITI en el país”.

“El HMS y el EITI eran imprescindibles porque para nuestra industria era esencial involucrarse activamente y garantizar que los recursos generados sean destinados al desarrollo genuino de las comunidades, para que la minería funcione como fuente de transformación de la matriz económica”, expresó.

“La minería tiene la potencialidad de ser el motor de desarrollo que las provincias argentinas necesitan. Pensemos en nuestro vecino Chile, sus exportaciones mineras de rondan los 40.000 millones, mientras que las argentinas representan 4.000 millones de dolares”, ejemplificó.

En ese orden, Marcelo Álvarez, se preguntó: ¿Qué hace falta para cambiar?. Y respondió: “dejar de lado las miradas cortoplacistas y proyectar una política minera de largo plazo, porque tenemos un compromiso con las próximas generaciones. Desde el momento en que nuestra industria se posiciona como motor de desarrollo. Ese motor no puede apagarse”.

“Falta una visión a futuro compartida para sostener los planes de progreso social y económico apalancados en los proyectos mineros. Esta visión debe incluir necesariamente a la comunidad, ya que la industria necesita del consenso social y no solo de la voluntad política o la discrecionalidad de las autoridades”, proyectó.

Por último llamó a sus pares a mirar hacia adelante y señaló: “Conceptos claves como derechos humanos, diversidad en género, biodiversidad, capacitación de calidad, cuidado del ambiente, seguridad laboral, son ejes esenciales. Quienes conformamos la industria debimos madurar y aprender a incorporar nuevos factores y actores a la mesa. Hemos iniciado este proceso, aunque aún estamos lejos de contar con un consenso que alinee al sector, al Estado y a la sociedad”