El BCRA sigue interviniendo en el mercado de títulos

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En la corrida del bimestre junio-julio el ente monetario inyectó más de $1,2 billones en el mercado de bonos soberanos en pesos. Claro que luego debió aspirarlos vía la colocación de más deuda remunerada.

El Banco Central (BCRA) dejó de lado dos meses de buena conducta y retomó en octubre el protagonismo en el mercado de bonos, intervención que habría continuado en las primeras jornadas de noviembre. Las estimaciones privadas hablan de más de $150.000 millones de compras de bonos públicos en pesos. Los números del BCRA dan cuenta que hubo una emisión de más de $183.000 millones a lo largo del mes pasado. Lo cierto es que a través de la ventanilla de “Otros” factores de explicación de la base monetaria, el BCRA volvió a emitir, con el fin de apuntalar las cotizaciones de los títulos públicos en pesos.

Cabe recordar que en la corrida de junio y julio el BCRA llegó a comprar más de $1,3 billones en bonos en pesos, como lo confirmó el último Informe de Política Monetaria que explicó que “las compras de títulos públicos por parte del BCRA ascendieron a unos $1.290.000 millones entre el 9 de junio y el 27 de septiembre, aunque la mayor parte se concentró fundamentalmente en el mes de junio y en los primeros días de julio”. Y agregó que “la expansión de la liquidez que generaron estas operaciones fue esterilizada, en gran medida, a través de los instrumentos de regulación monetaria que posee el BCRA”, lo que luego fue reconfirmado en el Staff Report del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Para tener una dimensión de cómo está gravitando este tema en el mercado monetario, en lo que va del año solo a través del concepto “Otros” hubo una expansión monetaria de más de $1,25 billones. Claro que no llegó a la calle dado que el BCRA, como señaló en el IPOM y el propio FMI en su tercera revisión del programa vigente, aspiró semejante masa de dinero vía la colocación de deuda remunerada, sea Letras como ser las Leliq u otras, o vía Pases.

Pero más allá del efecto monetario de estas intervenciones del BCRA en el mercado de bonos, inversores y analistas ven más allá de la mera compra y se plantean, con criterio, que el accionar del ente monetario está reflejando una señal importante: cuando algún inversor intenta desprenderse de su tenencia de bonos en pesos no encuentra demanda, es decir, casi ningún interesado en elevar su exposición al riesgo del Tesoro. Entonces, ahí aparece el protagonismo del BCRA presidido por Miguel Pesce para apuntalar el mercado de bonos en pesos.

Dado el tenor de las últimas intervenciones, en el mercado comenzó una especie de “caza de brujas” por saber quién o quiénes eran los que estaban vendiendo bonos en pesos. Allí surgió el nombre de un reconocido fondo de inversión internacional, que todavía tiene una importante tenencia de bonos en pesos, pero también hasta los fondos comunes de inversión (FCI) locales quedaron bajo sospecha, incluso bancos y empresas. Amén del origen de estas ventas lo relevante es que el mercado de cierta forma está diciendo algo. Para desentrañar qué está diciendo, basta con hurguetear en qué está comprando el BCRA. Según datos del mercado las principales compras del BCRA se enfocaron en los Bonos del Tesoro en pesos ajustados por CER con vencimiento en marzo y julio del año del 2024. ¿Por qué? Es que al margen de que el Tesoro y el BCRA sigan ajustando las tasas de interés para “defender” la curva de pesos, los analistas consideran que el mercado está un poco empachado de deuda en pesos. De modo que ya no está tan predispuesto a comprar bonos soberanos que venzan en el próximo mandato presidencial. Esto explica por qué le cuesta tanto al Tesoro colocar deuda con vencimiento a 2024.

En los próximos meses los vencimientos de deuda en pesos ronda el $1 billón mensual en promedio, es decir que hasta fines del 2023 vencen más de $11 billones, que el actual Gobierno deberá refinanciar además de colocar otro tanto para financiar el déficit. La mitad de esta deuda está en manos del Sector Público de modo que no sería tanto problema conseguir refinanciarla. Pero la mitad está en manos del sector privado. Por ende, las alarmas del mercado se activaron en tanto y en cuanto se perciba que persista la falta de apetito por deuda al 2024. Mientras esto no cambie, nadie soslaya nuevas turbulencias, no solo en el mercado de bonos sino cambiario, antes de diciembre del próximo año. Más aún cuando sigue muy fresco el recuerdo del “reperfilamiento” que aplicó Cambiemos antes de dejar el gobierno.

Debilidad
Ayer la gente de PPI señalaba que “la debilidad del mercado de deuda en pesos se hizo notar en la industria de fondos que, además (y como dato no menor), no puede evitarla por cuestiones regulatorias. Las marcadas limitaciones, en suma a restricciones cambiarias, lleva a que más del 96% hoy sea pesos”. Y agregaron que “el contexto lleva a que la preferencia por el cortoplacismo de los inversores sea claro, y en consecuencia, la liquidez parece mantenerse como una de las opciones más interesantes. Incluso las alternativas de cobertura son afectadas y reflejan una volatilidad creciente. Si miramos los dólar Linked, la caída de las expectativas de una devaluación, pesaron sobre los flujos (y los rendimientos). En tanto, en los CER la inflación en torno al 6% sigue siendo un punto a favor, pero el temor a un probable reperfilamiento en algún momento del 2023/2024 no los deja (ni dejará quizás) despertar el interés que reflejaban hace unos meses atrás”.

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