Diesel renovable: el nuevo subproducto que amenaza a las exportaciones de soja argentina

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Estados Unidos aumenta el procesamiento de aceite de la oleaginosa para la elaboración de este biocombustible y en consecuencia, también el de harina, nuestro principal producto de exportación, lo que haría caer el precio internacional.

El diesel renovable, también llamado HVO (Hydrotreated Vegetable Oil en inglés), es un combustible producido a base de grasas y aceites hidrotratados que se produce en destilerías similares a las de petróleo. La calidad de este biocombustible es idéntica a la del diesel mineral por lo que no necesita instalaciones para la mezcla, se puede agregar directamente a los tanques y se comporta muy bien a bajas temperaturas.

Actualmente, las inversiones para su producción provienen mayoritariamente de empresas energéticas (plantas petroleras que se reconvierten) en lugar de empresas agroindustriales como ocurre con el biodiesel.

Según contó Andrés Iölster, manager y líder regional de Trading de Aceites y Biodiesel de Cargill, integrante de la Cámara de Industrias Aceiteras de la República Argentina (CIARA) y la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO), la expansión de las plantas se da principalmente en Estados Unidos pero también en Europa como consecuencia del cambio climático, las intenciones de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), de las políticas que promueven el uso de combustibles con baja emisión de carbono (en EE.UU. lidera el Estado de California, le siguen Oregon, Washington y Nueva York) y de la necesidad de las empresas petroleras de bajar su huella de carbono, fundamentalmente.

De acuerdo a lo expuesto por Iölster en el Seminario de la Cadena de la Soja (Acsoja) realizado hace unos días en Rosario, la producción tiene grandes márgenes debido a tres subsidios: el RIN, un bono de carbono que se negocia libremente en el mercado y está agregando más de 450 dólares por tonelada; el Blender’s Credit, un subsidio a la mezcla, que otorga casi 300 dólares por tonelada); y el LCFS (Low Carbon Fuel Standard). “Los dos primeros son a nacionales mientras que el tercero se otorga a nivel estatal -California y Oregon, por ahora- y depende de la intensidad de carbono de la materia prima que se utiliza: cuanto más sustentable la materia prima usada, mayor subsidio”, detalló. No obstante, la materia prima importada carece de puntaje, por eso desde CIARA y CARBIO están “poniendo presión” desde hace más de un año para presentarles la información acerca de la producción de soja en Argentina “que es mucho mejor que en otros países por la siembra directa, el bajo uso de fertilizantes, etc. porque queremos que se reconozca su puntaje, pero la verdad es que no nos atienden”, lamentó Iölster. Y contó que informalmente, frente a algunos de sus clientes han argumentado “que no quieren importar deforestación”.

Para el manager, en base a estimaciones de una industria trabajando a u 70% de su capacidad instalada (sin incluir el SAF o Biojet), el crecimiento esperado en EE.UU. entre 2021 y 2024 es de 8 millones de toneladas. “Apuntan a procesar “deshechos” pero por disponibilidad, la materia prima principal será el aceite de soja”, explicó.

Esta nueva demanda ha provocado ya un incremento “gigantesco” de la capacidad de molienda que rondaría el 32% por la instalación de 18 nuevas plantas. “Las 14 anunciadas en EE.UU. representan un aumento de capacidad de 28%, y las 4 anunciadas en Canadá (Canola) que incrementarán la capacidad molienda casi un 59%”, indicó Iölster.

Para el analista, el precio que obtendrá la industria norteamericana por su aceite será mucho más alto que el que recibirá la industria en otros orígenes, especialmente en Argentina que está muy orientada a la exportación de aceites y harinas proteicas. “EE.UU. tiene un arancel a la importación de aceite de soja de 19.1% (a los precios actuales, una protección de 240 dólares por tonelada), molerá mucho más poroto y colocará los excedentes de harinas proteicas agresivamente en los mercados externos, deprimiendo los precios y nuestros márgenes”, señaló. “Esto impactará en la capacidad de pago de la industria aceitera argentina que ya viene trabajando con márgenes que apenas cubren costos variables”, advirtió.

Frente a este escenario, entre las posibilidades de acción que tiene Argentina, según Iölster figuran: aumentar el volumen de poroto que cumpla con los requisitos de la EPA (soja sustentable proveniente de campos no desforestados) para poder acceder al mercado de EE.UU.; lograr que CARB (Junta de Recursos del Aire) en California (y otros) le otorgue un puntaje razonable de Intensidad de carbono; aumentar la demanda local de aceites y proteínas mediante el desarrollo de HVO o Biojet (biocombustible obtenido) a partir de biomasa o desechos de origen biológico) local y el crecimiento de la producción de aves y cerdos.

Por otra parte, a mediano y/o largo plazo, de acuerdo al experto, los precios deberían incentivar aumento del área sembrada de oleaginosas con mayor contenido de aceite como la colza que, además, pagan un menor arancel para ingresar a EE.UU. y tienen menores derechos de exportación en Argentina. “En este sentido, hay que tener en cuenta que en Europa también hay mucha presión de dejar de usar aceite de soja para biocombustibles porque sostienen que tiene alto impacto en ILUC (cambio indirecto en el uso de la tierra)”, alertó.

Iölster consideró que el nuevo contexto “resultará en precios más bajos para la soja y probablemente mayor dependencia de la demanda de poroto desde China”.

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