Crimen de Fernando Báez Sosa: la zapatilla con sangre que complica a Máximo Thomsen

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Los médicos que participaron de los estudios realizados al cuerpo luego del crimen aseguraron que las lesiones que sufrió Fernando eran “incompatibles con la vida” especialmente los recibidos en la cabeza, sin la presencia de los padres Silvino Báez y Graciela Sosa, que salieron de la sala para no tener que revivir el horror de la muerte de su hijo.

Durante la séptima jornada de juicio una de las claves fue la zapatilla ensangrentada de Máximo Thomsen que quedó impresa en la cara de Fernando por la patada que le asestó cuando ya estaba en el piso. Este miembro del grupo es el más complicado en la causa por ser señalado como líder y como uno de los principales agresores.

La DDI de Villa Gesell incautó varios pares en la casa que los rugbiers ocuparon este último verano cuando los allanaron a horas del crimen. Uno de ellos, un par de chatas gastadas de lona negra marca Cyclone, tenía una marca en particular: sangre en sus punteras blancas. Su dueño ni siquiera se había molestado en lavarlas o descartarlas. Entonces, las zapatillas con sus plantillas, el reporte de la autopsia y las impresiones de los pies fueron enviados al Laboratorio Scopométrico de la PFA en Mar del Plata para su posterior análisis.

Los peritos y policías que participaron del allanamiento a la casa le preguntaron a los rugbiers por esta zapatilla. Máximo Thomsen, el más complicado de todos los imputados, señalado por múltiples testigos, se la atribuyó cínicamente a Pablo Ventura, el remero de Zárate acusado falsamente.

Seis meses después del crimen, la PFA entregó a Zamboni los resultados de sus pericias: esa zapatilla, según revelaron fuentes cercanas a la investigación, perteneció a Máximo Thomsen, hoy preso por el crimen en la Alcaldía N°3 de Melchor Romero junto a siete de sus cómplices con su prisiones preventivas confirmadas. La impronta de la zapatilla coincide también con el pie de uno de los principales acusados del crimen, según detectó el complejo análisis que comparó tanto la suela del calzado como la marca del pie en la plantilla.

“En sus conclusiones, la misma determina que existe correspondencia en cuanto a las características de clase entre la impresión del rastro visible en el maxilar inferior izquierdo de la víctima con la impresión tomada de la suela de la zapatilla derecha marca Cyclone, específicamente en el área interna del talón”, asegura un fragmento de la causa.

Así, el resultado se vuelve en una de las piezas más incriminadoras del expediente. La plantilla del calzado fue la clave.

Hoy martes, casi tres años después del crimen, este estudio y la zapatilla en sí se vuelven una pieza central del juicio a los ocho acusados en Dolores. La comisario Haydée Almirón, jefa del Gabinete Científico de Mar del Plata de la PFA, declarará citada por la fiscalía para explicar cómo se realizó el estudio.

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